lunes 27 de febrero de 2012

DEL 11 DE SEPTIEMBRE A LA FICCIÓN

En alguna ocasión, un comentarista decía que “el derrumbamiento de las Torres Gemelas fue el fin de las vacaciones que [los estadounidense] tomamos de la historia”. Todos pensamos que eso había ocurrido aquél fatídico martes del 2001. Si durante décadas habían fantaseado a través de Hollywood con ser el centro de una catástrofe global – nótese que la visión estadounidencentrista aún en la ficción – ahora ésta era padecida en el mundo real. Lo impensable se había hecho posible. Pareciera que, como se había dicho, Estados Unidos hubiese terminado sus largas vacaciones desde la Guerra Fría y volviera a encontrase inmerso y susceptible a la historia, obligado a reflexionar sobre el papel que ejerce dentro de ella.

Sin embargo, a poco más de diez años del fatídico episodio, el resultado ha sido totalmente distinto. En el año 2001, estando en el punto idóneo para cuestionarse sobre la forma en que ha estado actuado sobre el mundo, la sociedad estadounidense optó por abstraerse de la reflexión. El país que fue sorprendido por los efectos de su propio sistema geopolítico, decidió canalizar el dolor e indignación a través de un patriotismo libre de culpa o responsabilidad. Las víctimas eran ellos, eso era lo que importaba. Ser los personajes principales trajo por añadidura la necesidad de convertirse en héroes, tal y como sucede en películas como Independence Day.

Un claro reflejo de esta abstracción de la realidad es World Trade Center de Oliver Stone. En esta película el punto crucial es el ciudadano ordinario como víctima de la arbitrariedad de la historia. No invita a la reflexión introspectiva sobre el por qué ocurrió la catástrofe. La narración de esta historia nunca se desarrolla más allá de las calles de Nueva York o Washington. No tiene en cuenta el contexto y las motivaciones de los agresores. No se considera a “los otros” dentro del eje argumentativo y mucho menos se hace una valoración del contexto geopolítico en el cual los personajes se encuentran inmersos.

Mi impresión sobre Extremely Loud and Incredibly Close (“Tan fuerte y tan cerca”) fue que Hollywood aún no ha cambiado ese guión de patriotismo sin culpa. No voy a hacer una crítica cinematográfica sobre la película, oficio para el cual no estoy capacitado, ni es mi interés hacerlo. Lo que sí quisiera es hacer notar ciertos elementos manifestados en esta película que parecieran confirmar la postura adoptada por Hollywood en World Trade Center: 1) Los personajes son víctimas del caprichoso destino y aparentemente no existe la necesidad de entender las causas de su infortunio; 2) El carácter egoísta y terco del pequeño Oskar pareciera siempre estar justificado, pues es una persona común convertido en víctima; y 3) la historia aporta conclusiones sobre un evento de alcance global sin que el mundo de la narración se extienda más allá de los personajes principales. Es, sin duda alguna, un síntoma de la visión que la sociedad estadounidense ha tenido de sí misma a partir de los terribles acontecimientos del 11 de septiembre.

¿Qué hubiera pasado si World Trade Center hubiese tratado sobre bomberos iraquíes sepultados después de un ataque aéreo durante la invasión estadounidense o si Extremely Loud and Incredibly Close hubiese tratado sobre un niño afgano que pierde a su padre durante una operación de la OTAN? Probablemente - como diría Slavoj Zizek - hubiesen sido acusadas de propaganda pro-terroristas o pro-islámicas al dar una versión hemipléjica de los hechos. Ese es el mismo problema que presenta Hollywood actualmente a diez años de la caída de las Torres: encontrándose en la posibilidad de ser un medio para que Estados Unidos se entienda relacionado con el mundo, únicamente ha profundizado en la auto-mitificación cinematográfica.

lunes 20 de febrero de 2012

LA ORQUESTA DEL TITANIC

Dice una voz popular que la orquesta de Wallace Hartley, ante el trágico declive del Titanic y su inminente desenlace, no pudo hacer más que lo dictado por la vocación y el espíritu de sus músicos: continuar tocando, entre los gritos y la estampida de más de dos mil personas que atestiguaban su propio naufragio. Ninguno de los ocho sobrevivió para relatar el último performance que ofrecieron en el hasta entonces inmortal transatlántico.

Con el tiempo, la escena casi poética de los músicos interpretando "Nearer, my God, to Thee", se fue injustamente tergiversando hasta convertirse en una expresión peyorativa para describir a todo el que, ante las adversidades, opta por aparentar que todo sigue su curso natural.

Traigo esto a colación debido a lo tentador que pudiera ser esta interpretación negativa para describir los tiempos en que actualmente transita la humanidad. Las crisis económicas mundiales que se presenciaban cada treinta años ahora azotan cada doce meses; y sin embargo la sociedad de consumo no ha dejado de consumir, que es lo propio, y de extasiarse con los nuevos modelos de iPods, iPads y tantas otras urgencias que realmente nunca lo fueron, como si transcurrieran los tiempos de mayor abundancia. Las noticias se atiborran de la alfombra roja en los Grammys o del “póker” de Messi - disculparán la blasfemia los azulgranas - pero nadie se preocupa por enterarse de la guerra que se acerca en Medio Oriente, la cual amenaza con repercutir en todo el mundo. En Mérida, por dar algún ejemplo más cercano, las personas aún cree que la estela de saldos fúnebres que asedia el norte del país no aterrizará nunca sobre esta tierra. En todos lados, la humanidad se encuentra abstraída por las pantallas que le frecen lo que la realidad no puede: la posibilidad de creer que nuestro rumbo no peligra y que cada quien puede seguir como si nada.

Es por eso que resulta sumamente valiosa la propuesta que la nueva producción conjunta de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina - titulada precisamente “La orquesta del Titanic” - hace de forma irónica para regresar al sentido original de la historia detrás de los ocho músicos y su naufragio. Al mismo tiempo, el álbum evita caer en la desafortunada tendencia a ignorar el temporal que sufre el mundo y aparentar que todo anda como es debido. "Las cifras son insoportables y la gente lo está pasando muy mal, y seguir cantando es lo que se nos ha ocurrido para que al menos haya una canción en la que llorar, recordar o con la que bailar con la novia", anunciaban en una entrevista reciente. "[E]ra una metáfora de la crisis que está cayendo fantástica. Nosotros salimos de gira a divertirnos y a pasarlo bien y el mundo se hunde”. La historia del Titanic es retomada por los dos cantautores con el verdadero espíritu que invadió a los músicos de Hartley en sus últimos momentos: el instinto de celebrar la vida ante la posible extinción, de echar a volar el canto cuando lo normal sería salir huyendo.

“Lo que pasa es que estalla una bomba en la noche de paz, lo que pasa es que apesta a zambomba el mensaje del rey”, cita una de las canciones. Cínico, bien logrado y sin abstraerse de la realidad, “La orquesta del Titanic” no será el mejor trabajo de ninguno de los dos, pero resulta una divertida y apasionante ironía. Es, sobre todo, una excelente invitación para que, parafraseando a Sabina en discos pasados, en caso de acontecer el fin del mundo, éste nos pille bailando.

lunes 13 de febrero de 2012

JUICIO CONTRA EL JUEZ BALTASAR GARZÓN

Hace tan sólo unos meses, tuve la oportunidad de escuchar a Baltasar Garzón Real durante una de sus conferencias. Entre otros temas, destacó el papel de los jueces y su responsabilidad con las víctimas. “[Todo juez] debe asumir riesgos, aunque ello lleve implícito un resultado adverso para sí mismo”, decía en aquella ocasión. Sin duda alguna, la experiencia del propio Garzón consta como prueba irrefutable de ello. No es de extrañarse que los tres procesos llevados en su contra – uno de los cuales, como es de conocimiento público, ordenó su inhabilitación – estén relacionados por su actuación como juez en casos de graves violaciones a derechos humanos y actos de corrupción cometidos durante la dictadura de Francisco Franco o durante la gestión de diversos funcionarios miembros del Partido Popular (PP), actual heredero político del franquismo.

Me opongo, como bien diría Michael Ignatieff, a convertir la lucha de los derechos humanos en una religión atea. Eso implica negarse a generar un santoral a partir del endiosamiento de ciertas personalidades comprometidas con la causa. De encontrarse pruebas contundentes de abusos cometidos por Garzón en su actividad jurisdiccional, éste debe ser sancionado de acuerdo a lo establecido en la legislación española relacionada a la responsabilidad de los administradores de justicia, eso no lo discuto. Sin embargo, no existen actualmente pruebas suficientes de ello. La sentencia dictada en su contra es el resultado de un proceso desmedido en arbitrariedades, sin mencionar que distintas peticiones de defensa le fueron desatendidas. Por si fuera poco, la sentencia no especifica cuál ha sido el daño concreto que habría ocasionado su gestión. ¿En qué está fundamentado, entonces, este fallo?

No es de extrañarse que los magistrados que adoptaron esta decisión estén políticamente ligados al PP. Con la llegada de Rajoy al poder, éste partido se encuentra con un rango de influencia aún mayor para realizar una venganza política en contra del hombre que en el dos mil ocho inició distintas investigaciones para develar más de cien mil casos de desapariciones forzadas ocurridas durante la dictadura de Francisco Franco. En el Caso Gürtel, por el cual fue inhabilitado, Garzón expuso a la luz pública la red de corrupción liderada por Francisco Correa, director de varias empresas íntimamente vinculadas al PP. Absurdamente, el primer sentenciado en éste caso ha sido el mismo Juez que inició la causa, mientras que los responsables continúan impunes. Así, los procesos llevados en su contra tienen como único fundamento la persecución política.

Recuerdo que, en esa misma conferencia, Baltasar Garzón advertía que, si bien “a nivel oficial se habla de las víctimas”, están son siempre “invisibilizadas”. “Las víctimas incomodan”, señalaba. Ese ha sido el común denominador en las graves violaciones a derechos humanos sufridas durante dictaduras como la de Francisco Franco en España o las vividas en muchos países de América Latina. De ahí que los jueces comprometidos con la investigación, persecución y enjuiciamiento de los victimarios sean una pieza fundamental para fortalecer la voz de las víctimas y sus familiares. Son imprescindibles los jueces que asumen como su principal labor el hacer visibles a quienes, a pesar de las décadas transcurridas tras la caída de esos regímenes autoritarios, siguen esperando justicia. El Juez Baltasar Garzón es, a mi parecer, uno de ellos.

miércoles 28 de diciembre de 2011

A FIN DE AÑO

Mientras el año agoniza, he decidido hacer las paces con el instante en que el latido y las voces se encuentran. Voy a dejar de sufrir todas las noches por el café de la mañana y permitirle al azar ser tan inoportuno como ha sido mandado.

Vislumbraré la caída libre como parte de este vuelo; besaré al óbito y su impacto sin autoamnistías, ni lástima por uno mismo. Pienso permitirle al fracaso ser si así lo desea y alegrarme por su compañía.

Nunca más dosificaré los encuentros de nuestras manos. Deseo ser libre como tu espalda cuando amanece desde tu cuerpo. Soy como tú me has enseñado: un manojo de instintos que tropiezan con su propia trayectoria.

No me hables de infortunios como si fueses la única zona devastada. Este año ha sido difícil y nadie ha resultado ileso a sus caprichos.

Se sacudieron los suelos en Turquía justo cuando el amanecer parecía no concluir nunca en la Plaza Tahryr. Hundida en su naufragio, Grecia resultó el primer peldaño en caída libre, al mismo tiempo que, a kilómetros de distancia, Mérida daba el Paso más deprimente sobre Montejo. Los Estadios de Torreón resultaron ser coliseos romanos y las pancartas florecieron como guerrillas desde Santiago hasta Bombay.

¿Qué hora era en Washington cuando la Primavera oscureció en Tripoli? ¿Quién se alimentaba en Wall Street cuando llegó la hambruna a Mogadishu? ¿Qué diferencia hay entre las madres de Utoya y las del Casino Royale?

Mis manos se han desgastado de tanto humanizarse; este mundo está cansado de dar las mismas vueltas sobre el mismo eje. Quizá sólo nos quede afrontarnos como lo que somos y decidir cambiar de rumbo sin despegar de esta tierra. Seamos los dos todo el cambio que buscamos para el siguiente ciclo. Sólo acércate como en un principio. Me encantaría convencerte sobre la calma de este temporal que deviene a nuestro encuentro.

Quizá este año ningún país nos pertenezca; quizá el mundo sea un poco menos mundial y poco más humano. Quizá un niño vuelva a su viejo columpio en algún parque en Monterrey. Quizá los números y las urnas por fin cuadren en Moscú o el Parlamento Canadiense comprenda que es imposible escapar de un planeta en llamas.

Quizá el próximo año existan menos casas y más hogares. Quizá el trabajo vuelva a estar a merced del ser humano o el tiempo y los placeres por fin puedan reconciliarse y andar de la mano, como era en un principio.

Quizá.

Por eso he decidido convertir los segundos en luchas incuestionables contra el tedio y optar por vivir los próximos días en lugar de sobrevivirlos o emprender la fuga ante cada uno de sus restos. Iniciaré dando los pasos como es debido: sin culpas, sin mayor compromiso que el que se tiene con la propia naturaleza de uno. Me daré la oportunidad de ser y de hacerlo sin libertades condicionadas o prisiones con vista al mar.

Este es, en resumen, el manifiesto de repudio contra el desahuciado 2011; un inventario de absurdos como advertencia al año que amenaza con erigirse. Estaré, entonces, a contra vía ante su llegada y disfrutando la fluidez del instinto, parecido a la marea de tus labios cuando se incendia y yo aún permanezco para presenciarlo.

domingo 11 de diciembre de 2011

MÉRIDA: EL PELIGRO TRAS LAS “BUENAS COSTUMBRES”

El año pasado, el Juez español Baltasar Garzón terminaba su participación durante un seminario acerca del peligro potencial de la xenofobia en la sociedad, cuando un estudiante noruego pidió la palabra en la ronda de preguntas y opiniones. El joven, armado de toda su seguridad, advirtió que ese tipo de peligro podría suceder en muchos países, pero nunca en uno con los valores y estabilidad de Noruega. Esta anécdota fue justamente un año antes del atentado terrorista en Oslo y la masacre en la Isla Utoeya, ambos incidentes realizados por un xenófobo que pretendía acabar con el multiculturalismo y la “colonización islámica de Europa”.

Al oír esa anécdota este año durante una conferencia de Baltasar Garzón, no pude sino vincular la soberbia social de aquel estudiante con la de gran parte de los yucatecos: vivía en un lugar donde los valores y la tranquilidad parecían ser un blindaje a los problemas que aquejaban a otros países cercanos. Sin embargo, el peligro estaba ahí, cultivándose bajo la confianza de que en Noruega simplemente no ocurrían ese tipo de tragedias.

Soy consciente de las profundas diferencias entre el narcotráfico y la naturaleza de los atentados en Noruega; pero Mérida es esencialmente alimentada por la misma actitud soberbia ante su aparente bienestar perpetuo. Los meridanos creemos que vivimos en “la Ciudad de las Buenas Costumbres”, donde por simple destino y debido a la “calidad moral” de nuestros habitantes hemos evitado las tragedias que se viven en gran parte del país. Lo anterior representa asumir, implícitamente, que somos moralmente “más eficientes” como sociedad que aquellas donde sí se han presentado constantes hechos de violencia: una conclusión absolutamente soberbia y sin sustento, sin mencionar que ayuda a fortalecer el absurdo temor a que los “de fuera” empiecen a “traer” la violencia al estado.

Si comenzarán a presenciarse hechos de violencia en Mérida, sin duda alguna será culpa de los mismos habitantes y autoridades de la “Ciudad de las Buenas Costumbres”. Somos una ciudad potencialmente peligrosa. No son sólo los índices de desigualdad económica los que podrían facilitar el estallido de violencia, sino la arraigada estratificación social con la que ha sido diseñada la ciudad. La polarización norte-sur es una clara remembranza de “Belindia”, nombre que se la ha dado a Brasil debido a que algunos sectores de su población viven con la misma calidad de vida de Bélgica, mientras que otros sobreviven en condiciones similares a las de la India.

Donde hay desigualdad social está una puerta abierta para la violencia. En lugar de seguir manejando el viejo discurso de que “eso no pasa en Yucatán”, “nosotros somos la Ciudad de la Paz” o “si pasa algo es por gente de ‘fuera’”; deberíamos enfocar todos los esfuerzos posibles por aumentar los niveles educativos, mejorar las condiciones de vida de las zonas más marginadas de la ciudad y, sobre todo, empezar a modificar esa idiosincrasia sustentada en la estratificación social, donde los habitantes del norte creen que Mérida termina en el Monumento a la Bandera.

Menos auto-elogios y más prevención integral sustentada en cuatro áreas: seguridad, educación, desarrollo urbano y oportunidades de trabajo. De no tomar esta posición - espero estar terriblemente equivocado - correremos el riesgo de darnos una trágica sorpresa en el futuro, tal como seguramente la tuvo aquél estudiante noruego a mediados de este año.

lunes 5 de diciembre de 2011

MENOS COPETE, MÁS LECTURA

Hace unos meses, durante una entrevista con Jorge Ramos, no pudo acordarse de la enfermedad que causo la muerte de su esposa. Pareciera que Enrique Peña nieto sufriera, en el mejor de los casos, de una terrible memoria a corto plazo. Digo en el mejor de los casos, porque en el peor de ellos tendría una tendencia a mentir públicamente y, además, hacerlo de forma poco contundente y creíble. Este fin de semana, como seguramente el lector se habrá informado por los medios de comunicación, el candidato priísta fue protagonista de un hecho vergonzoso (me parece el adjetivo correcto) durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En rueda de prensa se le preguntó cuales eran las lecturas que más habían marcado su vida. Peña Nieto respondió entre muletillas, titubeos y constantes auto-interrupciones para buscar una salida. Más aún, respondió sin responder. Empezó dando como respuesta fácil (y por lo mismo poco creíble) que la Biblia había sido el libro que más lo había marcado. Posteriormente logra, después de mucho esfuerzo y palabras entrecortadas, mencionar un libro en específico: La silla del águila “de Enrique Krauze”, que realmente es una conocida novela de Carlos Fuentes. La anécdota concluye con risas de los asistentes y el nerviosismo del candidato al no saber cómo manejar la situación, recurriendo a frases como “las mentiras del libro de este libro” o “el último que estoy leyendo es una buena novela, La inoportuna muerte del presidente (volteando a ver a uno de sus colaboradores) …¿sí se llama así verdad?”, entre otras tantas dignas de ser comentadas.

Tristemente a mí no me sorprende en lo absoluto. No son pocos los políticos en nuestro país que carecer de un hábito de lectura. Una de las pobrezas más grandes que sufre el país es la de la lectura, lo cual adquiere consecuencias graves y profundas en la vida social, política e institucional. Si hiciéramos un debate literario entre los precandidatos, pocos o ninguno saldría impune. Definitivamente el incidente de Peña Nieto en la Feria Internacional del Libro es un indicador de cómo esa devaluación cultural que sufre el país por la falta de lectura se ve reflejada en las personas que tienen la capacidad de postularse a la presidencia. Por ahí dicen que el pueblo tiene el gobierno que se merece. Yo no podría afirmar eso, pero sí creo que los gobiernos se parecen al pueblo que los elige.

Otra conclusión clara del incidente: Enrique Peña Nieto demuestra nuevamente su incapacidad para manejar por sí solo una situación inesperada. Es un político de guión, que debe tener todo planeado y calculado por adelantado por su clara incapacidad de improvisar y de manejar situaciones espontáneas. Ni Calderón, ni López Obrador, ni Santiago Creel, ni Marcelo Ebrard hubieran tenido dificultad para controlar una situación parecida. Esto no quiere decir que éstos sean inmunes a cometer errores en sus declaraciones, pero al menos no hubieran tenido problemas para terminar las frases y contestar sin contestar de una forma más inteligente. Peña Nieto no ha aprendido a ser autónomo políticamente, lo cual se evidencia cuando los reflectores no le dan la oportunidad para una segunda toma.

lunes 28 de noviembre de 2011

CORTE PENAL INTERNACIONAL Y LOS PINOS

Desde un principio he manifestado mis críticas al movimiento civil para llevar una “denuncia” contra Felipe Calderón ante la Corte Penal Internacional. Escribo “denuncia” debido a las profundas deficiencias procesales y formales que se encuentran en este documento presentado hace unas semanas por algunos juristas de la UNAM. No quisiera meterme en la materia, pero me limitaré a destacar que no existe en el sistema penal internacional la posibilidad de que particulares realicen una denuncia. Una de las pocas opciones para iniciar un proceso sería que el Fiscal de la Corte Penal Internacional decida abrirlo cuando tenga conocimiento de que probablemente un delito internacional ha sido cometido. Sin embargo, ese Tribunal con sede en Holanda ha recibido en el pasado otros escritos similares en contra de Felipe Calderón. Ninguno ha logrado iniciar un proceso, debido a inconsistencias legales que son difíciles de resolver, sobre las cuales no profundizaré en este espacio. Me queda claro que la demanda es improcedente y no se abrirá proceso contra Felipe Calderón. Debemos partir de este punto.

Es por eso que me parece una decisión deplorable el comunicado oficial de Los Pinos que se publicó este domingo. La Presidencia rechazó categóricamente “las imputaciones falsas y calumniosas que un grupo de personas realizan ante la opinión pública y en instancias como la Corte Penal Internacional.” Posteriormente, el comunicado concluye anunciando que “[l]as imputaciones al Gobierno de México son claramente infundadas e improcedentes (…) por lo cual, el Gobierno de la República explora todas las alternativas para proceder legalmente en contra de quienes las realizan en distintos foros e instancias nacionales e internacionales”.

Es en este último párrafo del comunicado en donde radica el error. El Gobierno Federal sabe que esa “denuncia” no procederá. La posición más lógica - políticamente hablando - hubiera sido no darle más importancia y ni siquiera pronunciarse al respecto. O bien, pronunciarse como lo hicieron en el comunicado - con todas las críticas o comentarios que pudiéramos hacerle - pero omitiendo ese último párrafo. Fue esa consideración de tomar acciones legales en contra de los autores de la mal lograda “denuncia” la que ha despertado fuertes críticas, las cuales se vieron reflejadas este domingo a través de las redes sociales.

Es importante tener en cuenta que los funcionarios públicos están sujetos a un mayor escrutinio por parte de la sociedad. Es decir, por voluntad propia, se han expuesto a la crítica social debido a que su labor está ligada a temas interés público, los cuales continúan perteneciendo a la población civil, pero que les han sido confiados debido a las labores que han adquirido. En caso de tomar acciones legales – lo cual sólo haría más grande el asunto – espero que tengan en cuenta que los parámetros internacionales establecen que la protección a la reputación de funcionarios públicos sólo puede estar garantizada a través de acciones civiles, toda vez que acciones penales resultarían totalmente desproporcionales y atentarían contra la libertad de expresión.