jueves 5 de noviembre de 2009

República de Juanitos

Si algún extranjero me pidiese una explicación a la situación política de México, me vería (como cualquier mexicano) en el infértil esfuerzo por tratar de resumir una serie de factores políticos, sociales, culturales, históricos y hasta geográficos para dar una respuesta convincente. Sin embargo, quizá la forma más acertada de concentrar toda esa suma de elementos que integran nuestra complicada realidad sería a través del personaje de Rafael Acosta, mejor conocido como “Juanito”.

Surrealista, imposible, absurdo. Es el hombre elegido por Andrés Manuel López Obrador para una de los capítulos más ridículos y de mayor rating en la política mexicana contemporánea. La democracia parecía haberse convertido en un circo, una falta de respeto para una sociedad qua ha crecido con la idea de que los procesos electorales son la garantía máxima de que la soberanía que aún (dicen) reside en el pueblo. Valdrá la pena citar a Ricardo León cuando hoy me comentaba: No será políticamente correcto decirlo, pero es verdad cuando se dice que el pueblo tiene el gobierno que se merece. No podría ofrecer replica alguna.

La razón del comentario de Ricardo tuvo como contexto la mesa panel que se llevó acabo el día de hoy en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán, en la cual participaron cinco representantes de los principales partidos políticos. Entre los expositores, sobresalió cierto individuo (cuyo nombre no mencionaré, debido a que personalmente pude decirle frente a frente lo que opino de su participación en dicha mesa panel) que demostró una vez más que en cada rincón del país puede encontrarse un Juanito.

Después de un discurso pobre, sin fondo y demagógico que (mal)leyó ante todos nosotros, pudimos verlo caer en colapso nervioso al momento en que, durante la ronda de preguntas, uno de los presentes puso en duda la determinación que atribuía a su partido por “defender el desarrollo natural y sano del proceso electoral”, como había afirmado durante su intervención, teniendo en cuenta que fue su mismo partido el que apoyó la estrategia Juanito.

Desesperado por lograr articular alguna palabra coherente para responder, se limitó a explicar lo “necesario” que fue esa medida, sin antes recalcar la “confianza” que pusieron en Rafael Acosta desde el principio. Para concluir, recordó que su partido fue el único que tomó la tribuna para detener el paquete fiscal propuesto por el Presidente Felipe Calderón. Risas, aplausos, murmullos. El expositor cambió inmediatamente el semblante de víctima del pánico escénico por la de un hombre orgulloso ante la ovación obtenida por los presentes.

Me pregunto si sabrá la diferencia entre el público que ríe con uno al que se ríe de uno.

Posteriormente se le preguntó acerca del orden constitucional y del atentado que a éste representa la toma de la tribuna del Congreso, a lo que el exponente se limitó a responder con chistes, incongruencias y comentarios fuera de lugar, provocando más risas y aplausos (incluyendo mi risa, debo aceptarlo; más nunca mis aplausos ni ovación) entre los asistentes que no daban crédito a la sarta de disparates con los que intentaba defender lo indefendible.

Respeto la diversidad de cualquier tipo, incluyendo la política; pero no tolero que en este país haya gente siendo aplaudida por hacer el ridículo, la caricatura del supuesto empleado de la sociedad. Indudablemente, los asistentes al evento se percataron de ello, pero sus risas y aplausos a manera de mofa contribuyeron a inflamar el orgullo de este espécimen de Juanito, el cual seguramente en ese momento pensó: definitivamente, soy un político y lo hago bien.

Indescriptibles. Así son los políticos que elegimos, los que apoyamos. ¿Cómo puede alguien con semejante irracionalidad aspirar a un puesto público? Los mexicanos aceptamos a cualquier Juanito como líder, como representante, como “político”; esa palabra que se ha prostituido tanto que ya no tiene ganas de sonar convincente.

Pero si un extranjero me preguntase ¿por qué en México permiten juanitos así? sería más complicado de explicar. Quizá en un país donde, según datos de la UNESCO, únicamente el 2% de la población tiene el hábito de la lectura y donde en un estado como Yucatán una bazofia llamada De Peso es uno de las dos publicaciones de mayor distribución en la entidad, este tipo de fenómenos sea posible. Pero realmente la opinión extranjera queda en un segundo plano, si tenemos en cuenta que los mismos nacionales somos los que ignoramos (muchas veces, porque queremos ignorarlo) el verdadero origen de esta enredadera llamada Siglo XXI.

¿Quo vadis México?

domingo 25 de octubre de 2009

Los restos del arca de Noé

El sueño de la razón produce monstruos
Francisco de Goya y Lucientes

La verdad os hará libres
(Jn 8,32)


Probablemente uno de los mayores peligros que pueden llegar a parasitar una religión es el fundamentalismo. Bastará recordar que recientes testimonios de antiguos miembros de la administración Bush han descrito la manera en que los operativos en Afganistán e Irak fueron fundados y motivados en textos de la Biblia, por decir tan sólo un ejemplo contemporáneo. En el caso de la Iglesia Católica (de la cual formo parte), representa uno de los más grandes obstáculos por superar. Aunque la posición oficial de la Iglesia se opone a la lectura fundamentalista de los textos bíblicos, me parece alarmante que muchos católicos sigan pensando que Adán y Eva existieron o que el arca de Noé era un barco y que (por si fuera poco) existió. Es preocupante que en pleno Siglo XXI se sigan manteniendo esa especie de mitos en la religión, cuando no debe haber nada más apegado a la fe que la razón. A mi juicio, la primera debe ser continente de ésta. Es indispensable que la lectura bíblica se lleve a la luz del estudio y comprensión del contexto histórico, social y cultural del autor de dichas escrituras, así como de la perspectiva particular de éste sobre los hechos. Ampliaré esta idea.

Una amiga me comentaba lo indignada que estaba por ciertas líneas que consideraba machistas que pueden leerse en los textos de San Pablo, donde se evidenciaba la perspectiva de la mujer como un ser obediente y dependiente del esposo, al cual debía guardarle respeto jerárquico. Evidentemente, Pablo era machista como cualquier hombre que haya nacido en la época, lugar y contexto en el que él vivió. Con esto no quiero decir que el machismo es justificado por razones culturales o históricas. De ninguna forma. Pero sí debemos entender que las ideas de equidad de género que hoy el día nos resultan familiares estaban a siglos de distancia del pensamiento de Pablo. Si bien el mensaje de Cristo desde un principio buscó, entre muchas otras cosas, abolir por completo la desigualdad social de la mujer, los apóstoles no dejaron inmediatamente de ser portadores de los vicios de su época. Eran producto del lugar y momento en que vivieron.

He ahí la razón por la que hay que aprender a reconocer en las palabras de Pablo las partes que remiten únicamente a cuestiones de cosmovisión (e incluso puntos de vista personales) de aquellas que hacían referencia al mensaje de Jesús, mismo que los apóstoles apenas estaban asimilando y comprendiendo. Como diría el padre Raúl Lugo, hay que reconocer La Palabra entre las palabras.

Es urgente que el creyente comience a comprender al momento en que cree. El mensaje del Evangelio es tan basto que probablemente nunca lo comprendamos en su totalidad, por lo que hay que eliminar esos fósiles que día a día se van convirtiendo en piezas de museo dogmático en nuestra fe y acercarnos más al verdadero significado de las escrituras. Tan poco hay que caer en la subjetividad y etiquetar absolutamente todas las expresiones como metáforas espirituales, sino tratar de trasladarse al momento en que fueron concebidos los textos para asimilarlos de manera más precisa.

No me jacto de ser un experto en estudios bíblicos y es poco o nada lo que sé al respecto; pero confío en que algún día ideas como que el 666 es el número del diablo o que Astaroth era un demonio o que en algún lugar debe haber vestigios de la costilla de la cual salió Eva, pasarán a descansar en el mismo sótano donde hace años dejamos a Santa Claus y los Reyes Magos.

miércoles 7 de octubre de 2009

G.D.O. = DOG

"Miguel Hidalgo: Padre de una patria libre, para hombres libres". Así versa el grabado bajo la estatua del prócer mexicano, ubicada en la avenida Circuito Colonias, en Mérida. Siempre me ha llamado la atención ese monumento, no por la frase en sí o el cura inmortalizado en la glorieta; sino por el autor de dicho halago: Gustavo Díaz Ordaz. Me parece ridículo que se atrevan a citarlo de tal forma, teniendo en cuenta las huellas con las que ha quedado plasmado su paso como presidente en la historia mexicana.

Ni la construcción del metro de la Ciudad de México, ni la firma del Tratado de Tlatelolco (del cual surge el Organismo para la Proscripción de Armas Nucleares de América Latina), ni la Ley Federal del Trabajo, ni otorgar el voto a los jóvenes de dieciocho años, ni siquiera organizar las Olimpiadas de 1968 en nuestro país figuran como las marcas más distintivas de su sexenio. Si algo caracterizó la administración de Díaz Ordaz fue el despotismo y la censura que ejerció al nivel de las peores dictaduras militares latinoamericanas; prácticas de las que, sin ser dictador o militar, se valió para reprimir tanto a estudiantes y médicos del ISSTE, como periodistas o cualquier individuo que se atreviera a manifestarse públicamente en contra de su régimen.

Control de medios de comunicación, supresión de la libertad de expresión y violaciones continúas a los Derechos Humanos. Ese es el recuerdo que trae hablar de su gobierno. Es la sentencia de la historia – la única de este mundo de la cual no pudo salvarse – que ha dejado ese estigma sobre su nombre. Basta recordar el cierre del Diario de México en 1967, el cual en una edición - debido a un descuido humano - cambió los pies de página correspondientes a dos fotografías: la primera, del presidente Díaz Ordaz y su gabinete, y la segunda, el nuevo espécimen de chimpancé en el zoológico de la ciudad.

Nadie puede dudarlo: cómo cualquier gobernante, siempre hay puntos positivos que dejó para el país – los cuales menciono al principio del segundo párrafo. Incluso Hitler en materia económica fue lo mejor que pudo pasarle a Alemania al principio de la guerra. ¿Pero a qué precio? ¿A caso no el desarrollo económico se vio afectado por la poca confianza que había para invertir en México debido a su despótica administración?

Ni hablar del 2 de octubre en Tlatelolco – matanza de la que él fue uno de los autores intelectuales- que esa historia habla por sí sola.

No digo nada que no se haya dicho antes, ni hay mucho que exigir teniendo en cuenta que el personaje al que hago referencia en éste escrito ya murió. Sólo pienso que el mexicano debería ser más conciente antes de colocar una frase tan incongruente con su autor como en aquel monumento de la ciudad. Lejos de ser en memoria a Miguel Hidalgo, parece ser en honor del sádico y vulgar cinismo con los que algunos tiranos han gobernado en el pasado esta
patria libre, para hombres libres.

(Por cierto, el título lo saqué de un graffiti del D.F. hecho alrededor de 1967)



Vale la pena verlo hasta el final

domingo 4 de octubre de 2009

…pero las tortugas no se han ido

Podrá haber quienes piensen lo contrario, pero en Mérida (específicamente en el centro) hay un ambiente muy ávido por ampliar los espacios culturales de manera accesible al público. No me refiero a programas o eventos organizados por el gobierno municipal, al que no le puedo negar que ha tenido aciertos en este campo. Hablo de lugares como la Casa de la Cultura Elena Poniatowska (mejor conocida como La 68). Probablemente es de los que más me ha llamado la atención debido a los documentales, películas y películas/documentales que proyectan todos los fines de semana. Más allá de las mil y un críticas que puedan hacerse a este lugar debido a la inevitable conexión con la propietaria y su obra literaria (tema que poco importa en este texto) hay que reconocer el gran esfuerzo por traer ciertos filmes que difícilmente podrían encontrarse en la ciudad y que casi siempre (casi) valen mucho la pena. Ejemplo de ello es el documental Luchamos pero disfrutamos, el cual tuve la oportunidad de ver en aquél recinto en el momento en que más lo necesitaba.

Las ONG’s y en general cualquier movimiento activista, a mi juicio, tienen en común una meta magna por alcanzar: dejar de existir. La necesidad de que surjan movimientos para determinada causa es evidencia de una carencia en la sociedad. Al igual que en las leyes, en los movimientos que existen en un lugar determinado vemos inmediatamente cuales son sus problemas y necesidades. En un mundo ideal ni siquiera necesitaríamos leyes, porque no habría necesidad de codificar y coaccionar para controlar la conducta humana; pero como ya dije, desgraciadamente es sólo una utopía. Lo mismo pasa con las organizaciones no gubernamentales. Admiro a la gente que ejerce proyectos y acompañamientos de trabajo comunitario, ya sea en la selva Tarahumara o en alguna aldea en Lesotho; pero llega un punto en que se cuestiona hasta donde los movimientos populares son realmente populares. ¿Realmente podemos hablar de un movimiento indígena, por ejemplo, cuando las bases ideológicas o la iniciativa son planteadas por activistas europeos o nacionales de clase media-alta que buscan satisfacer lo que, según ellos, son necesidades de la gente? Cuesta aceptarlo, pero es un error en el que en no más de una ocasión se ha caído.

En este contexto, resultó un alivio descubrir durante los cuarenta minutos que duró el documental la existencia de los asháninkas y la forma en que ellos (sin necesidad de que algún antropólogo urbano fuera a decirles lo que es bueno para ellos) luchan y trabajan para proteger la pequeña porción del Amazonas en que viven. Ningún activista seducido por la romántica literatura sobre el movimiento popular (que los indígenas nunca han tenido la oportunidad de leer) les explico lo importante de realizar la pesca en el río por sectores determinados (únicamente donde no desovan los peces) para evitar la sobreexplotación. Fueron ellos mismos los que se dieron cuenta, sin estadísticas ni tablas, que la población de tortugas en el río Amónia había disminuido en los últimos años. Con la simple iniciativa y responsabilidad de cuidar su tierra, emprendieron una exitosa labor para criar tortugas, protegerlas e incrementar cuantitativamente la especie. Ellos mismos fueron los que solicitaron ayuda al gobierno brasileño para que protejan la selva de los taladores furtivos que la invadían. Incluso, fueron ellos quienes explicaron a las autoridades cómo era mejor operar y qué áreas estaban en riesgo.

No quiero hacer menos el trabajo de miles de organismos no gubernamentales que, sin caer en extremismos absurdos, han hecho grandes cambios y ayudado a miles de pueblos a alcanzar objetivos y resolver problemáticas que difícilmente hubieran podido solucionar debido a su escaso o nulo conocimiento en materias como el derecho, por ejemplo. Pero es un hecho indiscutible que los asháninkas son un ejemplo de que hay lugares donde se ha conseguido ese romántico objetivo de los organismos no gubernamentales: no necesitar de ellos. No significa que han alcanzado la sociedad perfecta. Como cualquier otra deben enfrentarse a distintas penurias y obstáculos en su vida diaria; pero han comprendido que las mayores armas son la organización, el respeto a la naturaleza y, sobre todo, la conciencia y responsabilidad que tienen con su comunidad y consigo mismos. De esta forma, cualquier ayuda externa, por más bien intencionada que sea, viene sobrando. Son autosuficientes en materia de proteger su cultura y sobre todo (vuelvo a repetirlo) organizarse. No han perdido ese contacto con la parte más humana que otros hemos perdido: el sentirse parte del mundo hasta llegar a protegerlo de nuestras propias comodidades.

La mejor escena probablemente fue una de las últimas: un niño de la comunidad comía una guaya que acababa de arrancar de un árbol. Al oír que su padre lo llamaba para que no se quedase detrás del grupo, saca la semilla de la boca. Espera, sólo me falta sembrarla. Acto seguido, el pequeño pone la semilla en la tierra. A diferencia de nosotros, él comprende la repercusión de sus acciones en el ambiente que lo rodea. Se contempla a sí mismo como un ente que puede alterar la realidad, por lo que es conciente del control que deben tener en esas acciones. Se ve a sí mismo, como dirían algunos sociólogos, como un agente de cambio. La diferencia es que para el es algo tan natural que no entiende los términos que el hombre “civilizado” utiliza para nombrar los fenómenos a los que está acostumbrado.

Es una lástima que ciertos grupos de defensa de derechos humanos (no todos, no siempre) no hayan visto ese documental. Específicamente unos cuantos en Mérida se darían cuenta de lo ridículas que son sus reuniones (perdón, ellos las llaman foros) para exponer los grandes logros que ellos (no la gente que ayudaron, sino ELLOS) han hecho a nivel regional, mientras inflaman las crestas para ver quién sabe más y quién ha corregido a quién. Se han olvidado que son un medio, un empujón. Los auténticos defensores de estos derechos no se interesan en perdurar o jactarse de ser los “pioneros en derechos de la mujer en el estado”, por citar a cierto grupo misándrico que probablemente existe en la ciudad, pero a cuyo nombre no le dejaré espacio entre estas líneas. Los movimientos que realmente valen la pena son aquellos que realmente nacen de la gente que vive las realidades que deben cambiarse, y si no, de aquellos externos que dan pequeños pero significativos empujones para que algún día veamos más iniciativa comunitaria de forma cercana y no únicamente en documentales.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Honduras en el cenicero

Que Micheletti es un gorila, lo sabemos todos. Pero aprobar el estilo mesiánico con el que un hombre trata de retomar la presidencia es ridículo.

Pregunta sencilla: ¿Se está defendiendo la democracia en Honduras o a Manuel Zelaya? A mi juicio, el depuesto presidente se ha creído la segunda premisa.

Según él mismo, el gobierno de facto ha interceptado las comunicaciones en la embajada de Brasil en Tegucigalpa, la cual ha adoptado como refugio (Lula invita, por supuesto). Es curiosa ésta afirmación, cuando lleva más de setenta y dos horas ofreciendo diversas entrevistas a medios de comunicación internacionales vía telefónica.

Pero el realismo mágico de Zelaya cobra vida cuando, en entrevista por televisión, asegura que "un grupo de mercenarios israelitas" habían interferido en las comunicaciones del edificio, para luego hacer uso de "aparatos electrónicos que emiten radiaciones de alta frecuencia que afectan al cerebro humano".

Sus argumentos ahora son más cercanos a los de un famoso secuestra-aviones boliviano o al pistolero del Metro Balderas que a los de un presidente depuesto preocupado por la seguridad nacional.

Se resume en tragedia, si tenemos en cuenta que mientras ambas partes hacen intercambios de absurdos, la gente en las calles se enfrenta a la caótica realidad de su país.

Dos muertos, veintiséis heridos y más de ciento trece detenidos son suficientes para asegurar que la fuerza pública dirigida por un gobierno usurpador es más peligrosa que israelitas imaginarios derritiendo cerebros.

martes 15 de septiembre de 2009

199

Las vísperas de mañana nos han ido arrastrando desde hace siglos. Cómo un rastrojo del tiempo, o un modelo inoportuno que fue armado de cabeza, nos vemos en la necesidad de buscar debajo de la almohada algún remedio para la resaca del Siglo XX; que no es otra cosa que un mal logrado efecto secundario del XIX. Que a su vez es el tumor resultante del XVIII, XVII y las siglas de los siglos que precedieron a este lugar que estamos pisando. Lo sé, el costumbrismo entre las letras es un cliché adornado por sus propios personajes. Hombres, mujeres, niños, demonios, ancianos, curas, aristócratas y poetas que en su tiempo fuero únicamente eso: poetas silenciosos.

¿Qué espera este decenio de nosotros? Pareciera que a manera de burla se ha detenido el tiempo, revolviéndose con los caprichos de la historia. Es el país de los absurdos, tan lejano en nuestras mentes que pareciera formar parte de su propia mitología, ser una leyenda más o un chisme dominical tan escandaloso que se anhela sea cierto. Valdría la pena hacer un inventario de nuestras cicatrices, entuertos y fobias a manera de terapia para sobrevivir a la difícil edad de ciento noventa y nueve, la cual comenzaremos a padecer a partir de mañana.

Empecemos enumerando todo aquello que nos falta: el recuerdo, el valor y la rabia que no duerme; cultivo en el campo, isla Bermeja, el petróleo de Texas y una cantina ardiente para esconder las orejas. Nos falta una foto, las comas en los labios y más de un precipicio para escapar de los pasos que se desdoblan descalzos y se dejan vencer por falta de tacto. También un par de respuestas, la bala a Colosio, Salinas y el evangelio apócrifo de Mario Moreno. Las botas presidenciales, el escuadrón doscientos uno y un telegrama que nunca envió Zimmermann por el drenaje. También un yate fantasma bautizado Granma. Y sin embargo, tenemos (como cualquier reino ficticio) dos ciudades y una tercera Tenochtitlán que se hunde bajo la catedral y el caudal insomne de apellido rivera.

Tenemos la paz y el encanto de las minas saladas, la bendición de la virgen, el manto de Juan Diego y más de un peregrino que desliza su trayectoria en cuclillas por cada rosario; la gloria de nuestra centuria, miles de ojos desembocando en las entrañas del Zócalo mientras alguien predice sesenta y ocho vacíos para Tlatelolco.

Tenemos los himnos del futbol, las coplas de Villaurrutia buscando el nocturno y el estribillo sediento en forma de dama que nunca supo nombrar en sus manos el mismo Agustín Lara. Las lunas de José Alfredo y el nardo taciturno de Frida en lasciva espera por las risas y el baile. ¿Dónde ha quedado el último de los cuarenta y uno?, pregunta el gendarme contra los sodomitas; pero no falta ninguno. Menos un fulano llamado Ignacio de la Torre y Mier.

Salud por nuestra clase alta, síndrome de Slim detrás de Tiziano Ferro y nuestros bigotes desheredados.

Tenemos, al menos, un mar de fronteras y un muro desértico que heredar del septentrión vulgar de Manhattan. Tenemos el hambre, la cólera y ladillas; la sal y el veneno en las arterias lacandonas; tabaco y café que se siembra entre los campos que nunca escribió Ramona con Marcos. Portamos un barco del delirio y un laberinto de la soledad.

Tenemos difuntas en Juárez y abrazos en Acatempan; la piedra angular de San Pedro y el Pipila en un recipiente para resguardarla. Tenemos el fruto del tiempo y canciones de mayo, tenemos septiembre y octubre que nunca se olvida. Abusamos del cielo y el lago de Pátzcuaro; compramos maíz al extranjero mientras pasean en pulmonías las más dulces anfibias, las esposas de narcos. Se deslizan paralelas al Pacifico mientras (no lo saben) Jesucristo secuestra los aviones con pasaporte boliviano.

Tenemos el nervio del volcán, un mundo feliz y el ojo de venado que perdieron los hombres. Gozamos del hilo pachuco y de una embajada en el pedazo de patria que en un pecado santana la historia quiso llevarse. Paseamos a gatas, asistimos a misa de doce. Tenemos tijuanas en cada esquina, millones de chapos en cada hogar; un par de dioses y un cena pendiente con la familia Lora. Perdimos la siesta, encontramos la aorta para desangrar el delirio y un par de difuntos que asisten al grito en Morelia.

Jaime apaga el televisor de tantas noticias, se va entre los aires de Chiapas sin encontrar el latido que descansa sobre la carne de los amorosos.

Contamos las sobras, repartimos tortillas entre los sucesores de nuestra vieja autonomía. Tenemos Cancún y Gomorra, José Vasconcelos y TvNovelas, la decadencia de la vida digna de los zapotecas y un prototipo fallido de Monsiváis perfilando su trayectoria en La Oreja. Cortamos el lienzo, comemos la tierra y damos los sacramentos sobre el río Lerma. No quedan más cementerios que mil novecientos ochenta y cinco. Adelita en casa de mujerzuelas e Ivonne Ortega festejando dos años de quinceañera.

Juanito y el Peje, Fuentes y Abascal. Concierto cirquense, ridícula fauna que rodea este traspatio del hemisferio. No hablamos maya, náhuatl ni mixteco; pero estamos concientes del valor incuestionable para la patria contar con diversas piezas de museo. Bendito sea nuestro parque temático Tarahumara y bendito sea el dos por ciento que detrás de este año desmantelará nuestra hora. Rudo y cursi, como aviones de Mouriño sobre Reforma.

Tenemos algunas razones para no cortarnos las venas esta noche, la muerte dormida y acostumbrada en casa. Ya no creemos en el pasado, no quedan días que puedan disecarnos nuevamente o deshabilitar el sistema en días de elecciones.

El lujo de no envidiarle nada al resto del mundo. Quizá ya están lejos, o quizá se consumen por dentro. Vestimos el orgullo y la vergüenza, dependiendo de a quién queramos proyectar la culpa. Nacionalismo basado en diatribas y libros que nunca se leen, porque nadie quiere saber, porque están artos de escuchar sobre el ritmo de los acontecimientos, porque no queda nada que escuchar.

Esta patria se ha tropezado con la historia. Sería justo Dios si todos los días fueran un partido contra Honduras en el Estadio Azteca.

jueves 10 de septiembre de 2009

Inventando paisajes

Para Edel, por dejarme más dudas que respuestas

Edel Navarro trabaja como cantinero en uno de los barrios más pobres de la Habana. De mañana, cuando aún no ha abierto el bar, utiliza su pequeña motocicleta de los años sesentas para hacer las veces de transporte público informal. El dinero es escaso y la necesidad abundante como la jerga de los taxistas no oficiales que, al igual que él, tienen que inventar el negocio; es decir, hacerlo bajo el agua.

Por las noches, Edel suele probar suerte con su caña frente al malecón. Como técnica rudimentaria utiliza un preservativo inflado para amarrarlo a la altura del anzuelo, con la intención de que el viento lo empuje a una distancia donde la profundidad facilite el botín nocturno. Para él comprar un preservativo resulta bastante económico, ya que vive en un país cuyo gobierno apuesta todo por facilitar la salud pública a toda la población.

Mientras espera, observa la sombra del horizonte ahora indivisible por la oscuridad. Sabe que del otro lado del golfo se encuentra Estados Unidos, país donde nunca quisiera poner un pie en su vida. También sabe que en dirección opuesta se encuentra México y Centroamérica, donde tiene algunos familiares. Quizá al noroeste se encuentre la línea recta que marque la dirección a destinos como Londres o Estambul. Sabe bastante de esos lugares, puesto que ha aprendido de historia universal desde que estaba en la primaria y ahora ostenta un titulo de historiador.

¿Qué hará a Edel pescar todas las noches cuando ni siquiera puede ver los límites entre el mar y el cielo estrellado? Muy sencillo, - me explicaba – porque es la única vista del globo terráqueo que podré presumirle al sol cuando regrese de su larga travesía por la mañana .