martes, 22 de mayo de 2012

CARTA AL PORTADOR

Estimada lectora, estimado lector: 

Usted puede salir a las calles y unirse a cualquier reunión, marcha o manifestación cuando así lo considere. Mi bisabuelo no podía. Él era un periodista y escritor que no estaba de acuerdo con el gobierno en turno. Fue amenazado varias veces y terminó detenido en más de una ocasión. Lo condenaron a muerte como a muchos otros (algo que se ha omitido en la historia oficial: a principios del siglo pasado se colgaba a los disidentes sobre Paseo Montejo), pero logró escapar a Cuba donde vivió unos años en el exilio. Mi bisabuelo no podía participar en algún tipo de reunión ciudadana, aunque fuese pacífica, porque la libertad de expresión era un privilegio. 

Existe una enorme diferencia entre el México que le tocó vivir a él y el que nos ha tocado a nosotros. Hoy día la libre manifestación de ideas no sólo es un derecho, sino un deber ciudadano para participar en el ejercicio democrático. No sé si Usted apoye o no a Enrique Peña Nieto. Está en total libertad de hacerlo o no. Pero, si Usted simpatiza con él, debe saber que cualquier persona que pretende alcanzar un cargo político se expone a sí mismo al escrutinio público. Si llega a ser presidente, Peña Nieto deberá respetar el derecho de todo aquél que no esté de acuerdo con él a manifestarlo de manera libre y abierta. Si apoya a Peña Nieto tiene el derecho de organizarse y participar en actos apoyándolo. Hágalo. Todas las voces deben ser escuchadas. Pero no hay que estigmatizar de “revoltosos” o “acarreados” a los que no lo apoyamos. Es por eso que movimientos como #MarchaYoSoy132 deben ser respetados y tolerados. 

Hace unos días, Enrique Peña Nieto presentó un “decálogo” con los principios que regirían su gobierno. Dos de ellos están íntimamente relacionados con la libertad de expresión y los medios de comunicación. Si el candidato piensa cumplir realmente ese decálogo – lo cual espero que así sea – no puede acusar a un movimiento pacífico de dividir al país o de sembrar el odio. Me parece que estas manifestaciones deben ser un ejercicio de tolerancia para el que pretende ser el futuro presidente del país y sus simpatizantes. Nosotros, los que no estamos de acuerdo con el proyecto de nación que ofrece y con el manejo de los medios de comunicación a su favor, respetamos el derecho de los que opinen diferente. 

Una sociedad que no está bien informada no es plenamente libre. La #MarchaYoSoy132 es el ejercicio legítimo de una sociedad que desea estar bien informada. Tiene Usted, si apoya a Peña Nieto, el derecho de réplica y a organizarse también, pero nada de libertades condicionadas: la expresión pública es de todos. Mucha gente ha sufrido en el pasado por ejercer esta libertad. Ya no estamos para repetir la historia de generaciones pasadas como la de mi bisabuelo. 

Sinceramente, 
un ciudadano dispuesto a convivir y a respetarlo a Usted, apoye o no a Peña Nieto.

martes, 15 de mayo de 2012

TRANSGÉNICOS: RETO DEL PRÓXIMO GOBIERNO EN YUCATÁN


En la Península de Yucatán cerca de quince mil familias dependen de la producción de miel. Más de diez mil toneladas de miel generan anualmente un derrame económico de trescientos millones de pesos. La importancia de este sector productivo para nuestra región es incuestionable. A pesar de ello, destaca el poco protagonismo que ha tenido este tópico entre los candidatos a la gubernatura del Estado como parte de sus propuestas de campaña. Pero sería más lamentable aún que nosotros como sociedad nos mantuviésemos desinformados ante la actual crisis que vive ese sector productivo.

Desde 2011, la polémica empresa estadounidense Monsanto fue autorizada para sembrar treinta mil hectáreas de soya transgénica en nuestra región. Como consecuencia, el polen de la soya transgénica ha contaminado la siembra de la miel. Esta alteración en el cultivo ha sido detectada por la Unión Europa, destino del 90% de la producción de miel mexicana. Debido a los estrictos estándares que impiden la entrada de productos transgénicos al territorio europeo, la economía regional se ha visto seriamente afectada y se calcula que podría generar pérdidas de hasta doscientos millones de pesos. A pesar de ello, Monsanto espera sembrar este año cerca de doscientas cincuenta y tres mil quinientas hectáreas de soya transgénica en la Península de Yucatán, Chiapas y la Huasteca.

Esta semana Aké, Mayapán, Kabah, Oxkintoc, Izimal, Kulubá, Dzibilchaltún, Ek Balam, Chichén Itzá y Xtampac fueron el escenario de protestas simultáneas para solicitar que la Península sea declarada territorio libre de transgénicos. El Pueblo Maya, con el apoyo de organizaciones nacionales e internacionales, ha iniciado una lucha urgente para impedir el deterioro del medio ambiente, la salud y la economía en la región. El objetivo es claro: detener el paso de Monsanto o de cualquier otra empresa que intente introducir transgénicos en el cultivo.

Este es un tema que debe encabezar nuestras preocupaciones a la hora de decidir a quiénes elegiremos como gobernadores en los tres estados de la Península. En el caso específico de Yucatán, nuestra meta debe ser no llegar a las urnas sin que los señores Olivia Guzmán Durán, Joaquín Díaz Mena, Rolando Zapata Bello y Eric Villanueva Mukul nos hayan manifestado de manera precisa su posición, así como sus propuestas para solucionar esta problemática. ¿Qué harán con el avance de los productos transgénicos en Yucatán? ¿Cuál debe ser la estrategia para defender la producción de la miel? Debemos posicionar este asunto como prioridad en la mesa de discusión y exigir propuestas concretas al respecto. Son este tipo de temáticas y no asuntos secundarios los que debe acaparar nuestra atención durante la contienda electoral.

sábado, 31 de marzo de 2012

DEL ESTADO Y EL GOBIERNO LAICO

Un Estado laico es aquel cuya estructura orgánica, poderes e instituciones son totalmente independientes y ajenos a cualquier religión. Inglaterra, Noruega e Irán son, en mayor o menor medida, países en los cuales la función pública y la agenda religiosa convergen habitualmente, por lo que carecen de laicismo. Argentina y Costa Rica, por su parte, son países cuya religión oficial es el catolicismo, razón por la cual un porcentaje de sus egresos está destinado a apoyar a dicha Iglesia. Hago esta introducción como punto de partida para explicar el por qué considero que México es (aún) un Estado claramente laico, a pesar de que argumentar lo contrario pudiese ser tentador para algunos. El organigrama estatal se encuentra estructurado de tal forma que ninguno de los tres poderes de la federación dependa de algún culto para ejercer sus funciones de manera efectiva. Diferente sería preguntarnos si un determinado gobierno es laico. Ahí tenemos una discusión diferente.

Vivimos en un país predominantemente católico. Es evidente que existe un alto grado de probabilidad de que una autoridad – sea Presidente o Ministro de la Suprema Corte, por ejemplo - sea católica y practicante. Nuestros funcionarios suben al poder junto a su ideología, posición política y culto, las cuales inevitablemente tendrán influencia en sus actividades. Puede gustarnos o no el hecho, pero ésta es una realidad que sucede en todo sistema democrático. Será benéfico o perjudicial para nosotros en la medida en que coincidamos o no con sus consecuencias.

El panorama se complica cuando nos preguntamos hasta dónde debe tolerarse que un gobierno o funcionario público cercano o partidario a una fe determinada manifieste o ejerza esta preferencia. La respuesta se encuentra en la medida en que sus acciones sean incompatibles o pongan en riesgo el ejercicio de las funciones del Estado laico. Me parece que durante la reciente visita del Papa esta delgada línea divisoria fue cruzada en más de una ocasión.

En un Estado laico, las manifestaciones religiosas que rodean una visita papal son y deben ser permitidas en virtud de la libertad religiosa. La población mexicana que participa en la fe católica tiene el pleno derecho a recibirlo como el líder de su Iglesia. No así las autoridades en ejercicio de sus funciones. México reconoce a Joseph Ratzinger como Jefe de Estado del Vaticano, entidad independiente con la que nuestro país posee relaciones diplomáticas. El trato, entonces, no debe ser diferente al ofrecido a un Primer Ministro o Presidente. Me parece incongruente con estos principios que funcionarios públicos se hayan referido a él - tanto en forma pública como por documentación oficial - como “Su Santidad”, “Santo Padre” y similares, o hayan cumplido con protocolos claramente nobiliarios que no deben ser concedidos ni siquiera a monarcas. Soy católico, pero también fiel defensor del laicismo. No creo que a ningún católico le agradaría ver ese tipo de trato preferencial y claramente practicante hacia un ministro de algún otro culto. Me parece un punto a considerar por respeto a la gente de otra religión en el país y a los que no practican ninguna.

lunes, 26 de marzo de 2012

A TRAVÉS DE LOS OJOS

No pasó mucho tiempo para que Othman Al Beshr y yo nos hiciéramos buenos amigos durante una estadía en el extranjero. El cruce de nuestros caminos se dio al momento en que la historia, cultura y política de Medio Oriente había despertado un gran interés para mí. Othman y yo, junto con otros tres amigos más de Arabia Saudita, solíamos pasar gran parte del tiempo juntos. Hablábamos de todo un poco y comparábamos cómo era la vida, cultura, gastronomía y política en nuestros países. El único tema que me resistí a poner sobre la mesa fue el conflicto árabe-israelí. No sabía cómo abordarlo o si debía hacerlo. Opté por contener mi curiosidad con la esperanza de que, tarde o temprano, esa conversación llegaría de forma natural. Así ocurrió.

Un día nos encontrábamos platicando a la salida del metro, cuando un judío – por la vestimenta religiosa que usaba era evidente que lo era – se detuvo ante a nosotros. Othman dejó de hablar por un segundo al advertir que, debido al estrecho pasillo de las escaleras y el gran flujo de personas, él y el rabino tuvieron que permanecer frente a frente. Estaban a tan sólo unos cuantos centímetros de distancia, a la espera de que el sube y baja humano les permitiese separarse y retomar sus caminos. Fue tan sólo unos segundos, pero en aquella imagen se evidenciaba la incomodidad de ambos personajes obligados a mirarse fijamente. Una vez fuera de la estación, Othman me contó el incidente. Yo fingía no haberme percatado del casi metafórico cuadro que acababa de presenciar. Días después, me enteraría de que Othman tenía familiares en Palestina que habían tenido que trasladarse al Líbano y Arabia Saudita por temor a los ataques del ejército israelí.

El conflicto entre judíos y musulmanes es sumamente complejo. Los palestinos son el mayor grupo de refugiados en la actualidad y se calcula que más de cuatro millones han abandonado sus hogares debido al proceso de colonización israelí. Tan sólo en la guerra de 1948, cerca de cuatrocientos pueblos palestinos fueron destruidos, siendo reemplazados de forma ilegal por asentamientos israelíes. Por otro lado, el muro levantado en la frontera con Cisjordania no respeta los límites provisionalmente establecidos, sino que se extiende a más de veinticinco kilómetros fuera de Israel, cortando la comunicación entre aldeas y ciudades palestinas. Por si fuera poco, este lunes, en un acto enérgico, Israel rompió relaciones con el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, después de que éste aprobase la creación de una comisión para investigar el impacto de las colonias judías en territorio palestino.

No quisiera adoptar como posición la condena contra un país a partir de la idealización del otro. Los asentamientos ilegales resultan igualmente peligrosos para ambos pueblos. La agenda política está canalizando la tensión social hacia sus propios objetivos. El uso de la religión y el sentimiento nacionalista por parte de los dos gobiernos para sustentar el conflicto – y con éste sus intereses – ha postergando una posible resolución al resentimiento histórico: ese que únicamente podrá darse cuando ambos pueblos decidan ponerse uno frente al otro, ya no obligados por la marea humana del metro, sino por el deseo de mirarse a los ojos y reencontrarse.

martes, 20 de marzo de 2012

ECLIPSE URBANO

Caminar el centro de Mérida por las noches genera que uno se sienta como visitante en su propia casa. Es el punto de encuentro en el cual, como pocas veces, parecieran converger los distintos mundos que la conforman. A pesar de lo que se aprecia más allá de sus fronteras claroscuras, el cuadro central nos ofrece la quimera de una ciudad sólida y homogénea. Lo que tan sólo unas horas antes luce como un naufragio vehicular bajo el capricho del sol vespertino, es transformado por la música, luces y el flujo de peatones al ritmo del paso nocturno. Esa es la gran seducción que ofrece: un lúcido espejismo de su gente y su vida cotidiana. La belleza de Mérida consiste en su capacidad de hablarnos, no tanto por lo que demuestra a simple vista, sino por lo que esconde.

Si, como decía Angela Carter, las ciudades tienen sexo, la mejor forma de entender Mérida es sexualizándola. Imaginemos, entonces, que Mérida fuese una mujer.

Seguramente dormiría con todos y no lo contaría a nadie. Compartiría cada noche una habitación distinta, pero sacudiría la brizna sobre su cama matrimonial. Estaría arreglada la mayor parte del tiempo. Se haría a la difícil para demostrar que está siempre dispuesta. Portaría un nombre catalán, un primer apellido libanés y otro de origen maya, aunque, para evitar vergüenzas, hubiese traducido éste último al español desde hace tiempo. Lloraría por las noches y sonreiría para las fotos de revistas. Nos convencería de lo grandioso que debe ser vivir con ella o como ella, aunque en el fondo quisiera salirse de sí misma. Si Mérida fuese una mujer, seguramente me guiñaría el ojo como a cualquiera y yo me sentiría halagado, como si no existieran otros que hubiesen transitado por sus calles.

Pero Mérida no es una mujer, mucho menos un hombre. Es una ciudad asexual que se niega a definirse a sí misma. No busca porque tiene miedo de algún día encontrarse. Es la ciudad-dogma o ciudad-tabú: lo que uno debe y no ser, aunque vaya en contradicción con lo que se es realmente. Por eso el meridano lucha para demostrar que es quien nunca ha sido y ejercita la vieja dinámica de observar lo que hace el otro. Subraya los detalles y los murmura públicamente, pero dando la espalda. Mérida puede amar a veces, pero cuando lo hace es siempre a espaldas.

Y sin embargo me sigue guiñando el ojo. Aunque sé lo que esconde y lo que no dice – lo niega, porque esa es la “buena costumbre” – le hago creer que me engaña. Convivo con ella a pesar de ella; la descubro nuevamente cada vez que me oculta algo. Y cuando lo hace, la luz sobre sus pupilas me indican el camino de regreso, deseando perderme en la marea bajo sus manos.

Resulta que Mérida es eso: la más hermosa y descarada de todas las contradicciones. Madrastra, insegura, acomplejada y beata. Me resulta imposible no odiar quererla como quererla odiar sin éxito alguno. Sólo me queda aceptar que - parafraseando a Sabina - aunque sé que no es la más bella del mundo, juro que es más guapa que ninguna.

lunes, 20 de febrero de 2012

LA ORQUESTA DEL TITANIC

Dice una voz popular que la orquesta de Wallace Hartley, ante el trágico declive del Titanic y su inminente desenlace, no pudo hacer más que lo dictado por la vocación y el espíritu de sus músicos: continuar tocando, entre los gritos y la estampida de más de dos mil personas que atestiguaban su propio naufragio. Ninguno de los ocho sobrevivió para relatar el último performance que ofrecieron en el hasta entonces inmortal transatlántico.

Con el tiempo, la escena casi poética de los músicos interpretando "Nearer, my God, to Thee", se fue injustamente tergiversando hasta convertirse en una expresión peyorativa para describir a todo el que, ante las adversidades, opta por aparentar que todo sigue su curso natural.

Traigo esto a colación debido a lo tentador que pudiera ser esta interpretación negativa para describir los tiempos en que actualmente transita la humanidad. Las crisis económicas mundiales que se presenciaban cada treinta años ahora azotan cada doce meses; y sin embargo la sociedad de consumo no ha dejado de consumir, que es lo propio, y de extasiarse con los nuevos modelos de iPods, iPads y tantas otras urgencias que realmente nunca lo fueron, como si transcurrieran los tiempos de mayor abundancia. Las noticias se atiborran de la alfombra roja en los Grammys o del “póker” de Messi - disculparán la blasfemia los azulgranas - pero nadie se preocupa por enterarse de la guerra que se acerca en Medio Oriente, la cual amenaza con repercutir en todo el mundo. En Mérida, por dar algún ejemplo más cercano, las personas aún cree que la estela de saldos fúnebres que asedia el norte del país no aterrizará nunca sobre esta tierra. En todos lados, la humanidad se encuentra abstraída por las pantallas que le frecen lo que la realidad no puede: la posibilidad de creer que nuestro rumbo no peligra y que cada quien puede seguir como si nada.

Es por eso que resulta sumamente valiosa la propuesta que la nueva producción conjunta de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina - titulada precisamente “La orquesta del Titanic” - hace de forma irónica para regresar al sentido original de la historia detrás de los ocho músicos y su naufragio. Al mismo tiempo, el álbum evita caer en la desafortunada tendencia a ignorar el temporal que sufre el mundo y aparentar que todo anda como es debido. "Las cifras son insoportables y la gente lo está pasando muy mal, y seguir cantando es lo que se nos ha ocurrido para que al menos haya una canción en la que llorar, recordar o con la que bailar con la novia", anunciaban en una entrevista reciente. "[E]ra una metáfora de la crisis que está cayendo fantástica. Nosotros salimos de gira a divertirnos y a pasarlo bien y el mundo se hunde”. La historia del Titanic es retomada por los dos cantautores con el verdadero espíritu que invadió a los músicos de Hartley en sus últimos momentos: el instinto de celebrar la vida ante la posible extinción, de echar a volar el canto cuando lo normal sería salir huyendo.

“Lo que pasa es que estalla una bomba en la noche de paz, lo que pasa es que apesta a zambomba el mensaje del rey”, cita una de las canciones. Cínico, bien logrado y sin abstraerse de la realidad, “La orquesta del Titanic” no será el mejor trabajo de ninguno de los dos, pero resulta una divertida y apasionante ironía. Es, sobre todo, una excelente invitación para que, parafraseando a Sabina en discos pasados, en caso de acontecer el fin del mundo, éste nos pille bailando.

lunes, 13 de febrero de 2012

JUICIO CONTRA EL JUEZ BALTASAR GARZÓN

Hace tan sólo unos meses, tuve la oportunidad de escuchar a Baltasar Garzón Real durante una de sus conferencias. Entre otros temas, destacó el papel de los jueces y su responsabilidad con las víctimas. “[Todo juez] debe asumir riesgos, aunque ello lleve implícito un resultado adverso para sí mismo”, decía en aquella ocasión. Sin duda alguna, la experiencia del propio Garzón consta como prueba irrefutable de ello. No es de extrañarse que los tres procesos llevados en su contra – uno de los cuales, como es de conocimiento público, ordenó su inhabilitación – estén relacionados por su actuación como juez en casos de graves violaciones a derechos humanos y actos de corrupción cometidos durante la dictadura de Francisco Franco o durante la gestión de diversos funcionarios miembros del Partido Popular (PP), actual heredero político del franquismo.

Me opongo, como bien diría Michael Ignatieff, a convertir la lucha de los derechos humanos en una religión atea. Eso implica negarse a generar un santoral a partir del endiosamiento de ciertas personalidades comprometidas con la causa. De encontrarse pruebas contundentes de abusos cometidos por Garzón en su actividad jurisdiccional, éste debe ser sancionado de acuerdo a lo establecido en la legislación española relacionada a la responsabilidad de los administradores de justicia, eso no lo discuto. Sin embargo, no existen actualmente pruebas suficientes de ello. La sentencia dictada en su contra es el resultado de un proceso desmedido en arbitrariedades, sin mencionar que distintas peticiones de defensa le fueron desatendidas. Por si fuera poco, la sentencia no especifica cuál ha sido el daño concreto que habría ocasionado su gestión. ¿En qué está fundamentado, entonces, este fallo?

No es de extrañarse que los magistrados que adoptaron esta decisión estén políticamente ligados al PP. Con la llegada de Rajoy al poder, éste partido se encuentra con un rango de influencia aún mayor para realizar una venganza política en contra del hombre que en el dos mil ocho inició distintas investigaciones para develar más de cien mil casos de desapariciones forzadas ocurridas durante la dictadura de Francisco Franco. En el Caso Gürtel, por el cual fue inhabilitado, Garzón expuso a la luz pública la red de corrupción liderada por Francisco Correa, director de varias empresas íntimamente vinculadas al PP. Absurdamente, el primer sentenciado en éste caso ha sido el mismo Juez que inició la causa, mientras que los responsables continúan impunes. Así, los procesos llevados en su contra tienen como único fundamento la persecución política.

Recuerdo que, en esa misma conferencia, Baltasar Garzón advertía que, si bien “a nivel oficial se habla de las víctimas”, están son siempre “invisibilizadas”. “Las víctimas incomodan”, señalaba. Ese ha sido el común denominador en las graves violaciones a derechos humanos sufridas durante dictaduras como la de Francisco Franco en España o las vividas en muchos países de América Latina. De ahí que los jueces comprometidos con la investigación, persecución y enjuiciamiento de los victimarios sean una pieza fundamental para fortalecer la voz de las víctimas y sus familiares. Son imprescindibles los jueces que asumen como su principal labor el hacer visibles a quienes, a pesar de las décadas transcurridas tras la caída de esos regímenes autoritarios, siguen esperando justicia. El Juez Baltasar Garzón es, a mi parecer, uno de ellos.