El hombre comenzó a hablar y desde eso no se ha callado. Algunas veces, callarse sería igual un signo de evolución. Por lo menos lo haría un poco más humano.
El don del lenguaje se encuentra oculto en el denominado gen FOXP2, ubicado en el cromosoma siete de nuestro código genético. Una mutación ancestral en este gen fue la que habilitó la comunicación verbal en nuestra especie al producir el desarrollo de ciertos linajes neuronales. Desde entonces, nos volvimos únicos, quedando en completo aislamiento del resto de los animales. Nos convertimos en humanos modernos, inalcanzables para especie alguna.
Al menos, eso creíamos hasta hace unos años.
La historia la escriben los vencedores, me han dicho. Pero quizá haya que extender el alcance de esta premisa a la prehistoria. Durante siglos, los libros de antropología, biología e historia han resumido la gran batalla por la supervivencia del Neandertal, especie que vivió de forma paralela al Homo Sapiens, extinguiéndose debido a la inteligencia y tecnología superiores de este último. Éramos dos linajes completamente diferentes, dos especies que compitieron hasta la desaparición de la más fuerte y de mayor tamaño: los neandertales.
Caín sí mató a Abel después de todo.
Pero esta suerte de humanos bestias, subestimados a lo largo de la historia, ha comenzado a revelarnos una realidad distinta. Investigaciones recientes para estructurar el mapa genético de los neandertales han dado origen un nuevo descubrimiento: la misma mutación en el gen FOXP2 se encuentra en su ADN, por lo que pudieron desarrollar un lenguaje al igual que los Homos Sapiens. Con esto, la voz deja de ser un privilegio para el hombre moderno.
Cráneos de mayor volumen que los de nuestros antepasados, rituales fúnebres bien definidos, organización social estructurada y una gran adaptación para climas fríos. Los descubrimientos refutan por completo la idea tradicional de bestias incapaces de crear herramientas y en completo atraso evolutivo ante los humanos. Más aún: algunos paleontólogos se han aventurado a publicar explicaciones acerca de posibles trueques comerciales entre ambos seres.
¿Qué habrá pasado con los neandertales?
Eran la otra especie, los que por algún capricho del azar (probablemente factores climatológicos) desaparecieron, dejándonos como los únicos no-animales, como la razón primigenia de toda la creación. Así aprendimos a describir los hechos: el mundo fue únicamente para nosotros, nadie sobrevivió para escribir algo distinto.
Nosotros escribimos la prehistoria, porque fuimos la especie que sobrevivió. Ahora, el neandertal, desde sus restos fósiles, decide después de unos milenios de silencio ejercer su derecho de replica.